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“Rutas agresivas hacia extremos imprecisos…”

Se levantó.

La luz del día invadía ahora aquellas estancias con una agresividad que nunca se le había permitido…

Allí estaba él, como una nebulosa contraída por el egocentrismo que corre peligro de entrar en fase de implosión.

Parecía una sanguijuela que chupa la vida a los demás, una especie de parásito gigantesco…

Aquel día, los dos vaciamos sacos de resentimiento ocultos desde hacía mucho, en un crescendo penoso e imparable.

Conseguimos un alivio momentáneo, efímero y un poco sádico, que no representa nada más que el anuncio del abismo definitivo.

El fin no perdona ni siquiera la más leve de las culpas, y tampoco el más inocente de los errores.

Por fin me liberé de la sensación de esos días, la de ser un prisionero…