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“Premoniciones…”

Ahora me parece que tengo 51 años, o al menos eso me dijeron el otro día cuando aparecieron en el comedor con una tarta de chocolate para que apagase las velas.

Antes tienes que pedir un deseo: si se apagan las 51 velas al tiempo, el deseo que imagines se cumplirá seguro.

¡Qué oportunidad!, pensé.

Así que llené mis pulmones de aire y soplé sobre aquellas velitas con todas mis fuerzas. Se apagaron todas menos una, una rebelde que fastidió mis ilusiones, así que lloré mucho y mis amigos no entendían nada de lo que pasaba.

Me daba igual, seguí llorando hasta que no me quedaron lágrimas. Tenía un deseo grande y esa maldita vela centelleante lo estropeó, un deseo que encima no se lo puedo contar a nadie, porque si se lo cuento, nunca se hará realidad.

Y me han dicho que si tengo paciencia y espero al próximo cumpleaños, a lo mejor se cumple.

Por favor, mandarme cuando cumpla 52 años una tarta de limón con 52 velas. Si lo hacéis, prometo que a mi deseo seguirá un contra-deseo para que no arda el mundo…