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Ojalá escribiera sólo posdatas!

Me cansé de andar huyendo,
de recorrer mundo a la deriva…
Mis esperanzas pendían
del colgador,
balanceándose como un ahorcado,
alentadas por una brisa
que se colaba por la ventana
abierta de mi herida
y se complacía en torno
al lúgubre escenario…
Nunca más pronunciaré
mi verdadero nombre,
nunca más lo diré,
ni siquiera tendré
un epitafio en mi tumba…