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Hoy, he conocido a alguien…

Había descubierto que podía ofrecer sosiego.

Serenar a los demás me ayudaba a serenarme a mi mismo;

un juego de espejos al que nunca había jugado.

Fue un rollo distinto.

Uno de esos momentos mágicos de la vida.

Sabes a lo que me refiero, ¿verdad?.

Porque sólo cuando nos reconocemos en los demás,

dejamos de estar solos.

A veces existe una esencia mágica en los detalles inocentes.

Ya compartimos cicatrices…. 

Gracias por estar ahí…