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“El lamento del perezoso…”

Me pregunto si voy contracorriente.
Llega silenciosa la oscuridad.
El abismo del infierno.
Soy adicto a mis lamentos.
Le tomo la mano a mi desánimo.
Mi puerta, presiento, cerrada.
Es una nueva batalla a desatarse.
Las sonrisas que alimentan el alma,
te calan las entrañas,
de un cuerpo que no existe.

No estaba…

No sentía…

No soñaba…